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domingo, 27 de julio de 2014

Ejemplos de Elegías:

Elegía
En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.


                                                Alegrarás la sombra de mis cejas,
                                                y en tu sangre se irán a cada lado
                                                disputando tu novia y las abejas.

                                                Tu corazón, ya terciopelo ajado,
                                                llama a un campo de almendras espumosas
                                                mi avariciosa voz de enamorado.

                                                 A las aladas almas de las rosas
                                                del almendro de nata le requiero,
                                                que tenemos que hablar de muchas cosas,
                                                compañero del alma, compañero.


Miguel Hernández




ELEGÍAS BREVES

I
Al pie de un sauce, triste Narciso de las aguas,
o cerca de una roca inexorable
quiero dejar mi cuerpo
como el que deja ropas en la playa.
Ay, mis brazos, guirnaldas desceñidas,
ay, mi cintura quieta entre las danzas.

No soy de los que exprimen
su corazón en un lugar violento.
Soy de los que atestiguan
la belleza y la muerte de la rosa.

II
Si pudiera mirarte, bella tan sólo, rosa,
y detener mis ojos largamente en tus pétalos
como una sed que duerme a la orilla de un río.
Si te mirara sólo, sin amarte,
con este amor convulso y desgarrado
de quien siente tu fuga irrevocable.
Ah, si yo no quisiera disecarte,
amarilla, en las páginas herméticas de un libro
con el afán inútil del que conoce el tiempo.

Rosario Castellanos


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Ejemplos de Sonetos:

Soneto

Este gran don Ramón de las barbas de chivo, 
cuya sonrisa es la flor de su figura, 
parece un viejo dios, altanero y esquivo, 
que se animase en la frialdad de su escultura. 

El cobre de sus ojos por instantes fulgura 
y da una llama roja tras un ramo de olivo. 
Tengo la sensación de que siento y que vivo 
a su lado una vida más intensa y más dura. 

Este gran don Ramón del Valle-Inclán me inquieta, 
y a través del zodíaco de mis versos actuales 
se me esfuma en radiosas visiones de poeta, 

o se me rompe en un fracaso de cristales. 
Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta 
que se lanzan los siete pecados capitales.


                                         Rubén Darío

Lee todo en: Soneto - Poemas de Rubén Darío http://www.poemas-del-alma.com/soneto.htm#ixzz38gKAioLU






El rayo que no cesa


      Soneto 19
    Yo sé que ver y oír a un triste enfada
    cuando se viene y va de la alegría
    como un mar meridiano a una bahía,
    a una región esquiva y desolada.

    Lo que he sufrido y nada todo es nada
    para lo que me queda todavía
    que sufrir, el rigor de esta agonía
    de andar de este cuchillo a aquella espada.

    Me callaré, me apartaré si puedo
    con mi constante pena, instante, plena,
    a donde ni has de oírme ni he de verte.

    Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
    pero me voy, desierto y sin arena:
    adiós, amor, adiós, hasta la muerte.


                                Miguel Hernández




RETORNO FUGAZ
¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
—¡Oh corazón falaz, mente indecisa!—
¿Era como el pasaje de la brisa?
¿Como la huida de la primavera?
Tan leve, tan voluble, tan lijera
cual estival villano… ¡Sí! Imprecisa
como sonrisa que se pierde en risa…
¡Vana en el aire, igual que una bandera!
¡Bandera, sonreír, vilano, alada
primavera de junio, brisa pura…
¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste!
Todo tu cambiar trocose en nada
—¡memoria, ciega abeja de amargura!—
¡No sé cómo eras, yo qué sé qué fuiste!


                   JUAN RAMÓN JIMÉNEZ